Los retos pendientes del ecoturismo en su Año Mundial

Resumen

Acaba de terminar el Año Mundial del Ecoturismo –y del Turismo Sostenible– y creo que es un buen momento para reflexionar un poco. Son varias y agridulces las sensaciones que se nos vienen al corazón y a la memoria en este momento final del año, propicio a los balances y a los buenos propósitos. La primera de ellas es preguntarse si habrá servido para algo este largo año de fastos y eventos sobre el ecoturismo en todo el mundo. En un contexto global,

suponemos que sí. Todo lo que sea reivindicar el ecoturismo es bienvenido, de momento. Al menos, todo lo que sea reivindicar el ecoturismo como una vía adecuada para lograr un poco de desarrollo y un poco de bienestar de enormes zonas del planeta; sobre todo en aquellos países de mayor vocación ecoturística en los que no parece que de momento haya muchas más posibilidades, algunos de los cuales he tenido el privilegio de visitar recientemente.

¿Qué es lo que más nos preocupa a la luz de estos acontecimientos y visitas? En la última década, es innegable que la expansión del ecoturismo en el ámbito internacional –entendido en un sentido amplio– ha sido descomunal. Las Webs que ofrecen ecoturismo en Internet se cuentan por decenas de miles, y las empresas y micro-empresas de ecoturismo florecen por doquier. Las cifras de la OMT hablan de porcentajes millonarios de ecoturistas que no paran de crecer sobre el total. Aparentemente, desde el punto de vista prod uctivo, el ecoturismo en el mundo va bien. Prácticamente todos los países en vías de desarrollo apuestan fuertemente y sin descanso por él, y lo mismo hacen los organismos internacionales.
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