Manías de un guía

Resumen

Antes que nada, quiero agradecer a los editores por empujarme para incluir en el Boletín este artículo, así como a Antonio Espinosa por haberme abierto las puertas a la interpretación del patrimonio.

Puesto que ahora empezamos a trabajar con los turistas, es como si cambiara de tercio, porque llevo todo el invierno con los “coles”, estudiantes y asociaciones tipo amas de casa, y ahora cambio un poco el chip con los turistas con chanclas. Si consigo que por unas horas no miren el reloj para irse a la playa, me daré por satisfecha. Pero lo que más ilusión me hace es cuando viene alguien del pueblo y a mitad de la ruta te dice con chispas en los ojos: “cuéntame más, cuéntame más, que no sabía yo que teníamos un pueblo tan tan tan... (interesante, auténtico, original, importante...). O cuando te comentan que ¡es la primera vez que pasan por ese lugar, en su vida! O cuando han vivido de pequeños en el casco antiguo y les dejo entonces a ellos que sean los que narren la información de primera mano, ¡me encanta! Y los jóvenes te comentan que quieren irse a vivir allí, que no sabían que estaba tan bonito... mil cosas. Y mil trucos o como digo yo: manías de un guía. Estas son mis manías de guía:

Cuando estoy explicando algo que tengo que señalar hacia el cielo, por ejemplo, una gárgola. Me pongo siempre delante del grupo y sin interceder con lo que tienen que ver. 
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