Rutas enoturisticas: potencialidades y desarrollo

Resumen

El turismo constituye un factor cada vez más esencial de las políticas de desarrollo territorial de muchos ámbitos geográficos, puesto que, la promoción de buena parte de sus recursos endógenos se encuentra estrechamente vinculada a la proyección de distintas actividades de carácter recreacional, tanto de perfil alojativo como insertas en la oferta de ocio complementaria. Y es que, la creciente diversificación de la propuesta turística a partir de la ampliación de los intereses de unos viajeros más experimentados y exigentes, está provocando la revalorización de temas como la naturaleza y la cultura, esto es, la consideración del patrimonio en el diseño de nuevos productos y servicios de alto valor añadido que pueden intervenir de forma decidida en la dinamización de espacios y comunidades hasta ahora en franco estado de decaimiento económico y social. Es más, en lugares donde el desarrollo turístico contribuyó a la desarticulación de las estructuras territoriales precedentes —de carácter tradicional en muchos casos—, parece que, esta misma dinámica en la situación actual puede favorecer la recuperación y el mantenimiento de los principales identificadores locales.

Los recursos de esparcimiento, cuyo significado productivo fue secundario hasta hace pocas décadas, se han convertido en uno de los principales vectores de transformación económica, social y territorial de distintos territorios. La elevación del nivel de vida y el mayor conocimiento de la población, la creciente preocupación por renovados temas como el medio ambiente y la cultura, el aumento del tiempo libre y la mejora de la accesibilidad, constituyen algunos de los determinantes de ese cambio. De este modo, surgen iniciativas para identificar y documentar el potencial endógeno con proyección recreacional de múltiples áreas, que luego se organiza en proyectos que logran captar la atención de unos visitantes cada vez más atraídos por las particularidades locales. En efecto, la puesta en valor de sus propios recursos por parte de muchas comunidades se ha basado en el diseño de estrategias que acompañan procesos de promoción o diversificación del turismo y su amplio elenco de actividades complementarias, exito as cuando no han supuesto su degradación o agotamiento irreversible ?sostenibilidad ambiental y autenticidad cultural?, puesto que, de otro modo, los procesos iniciados no podrían sostenerse ni en el tiempo ni en el espacio.

En este marco de reflexión adquiere creciente relevancia la dimensión cultural del turismo en sus múltiples vertientes, entre las que cabe citar la conocida como enoturismo, que es posible identificar como el conjunto de actividades integradas que se fundamentan en la valorización de la cultura, los recursos patrimoniales y las infraestructuras asociadas a la viticultura y a la enología. Su desarrollo en bastantes áreas, más o menos intenso, está permitiendo la revalorización del territorio y optimización de su potencial endógeno, la recuperación, conservación y promoción del patrimonio, la diversificación, innovación y promoción empresarial, la dinamización sociocomunitaria y el desarrollo local, así como la renovación y cualificación de la oferta turística y recreacional, entre otras dinámicas positivas. Supone una función productiva cada vez más significativa, y además, una vía de promoción directa y original de zonas y producciones vitivinícolas, repercutiendo favorablemente en otros sectores de actividad.
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