Ref lexiones en torno a la animación del patrimonio

Resumen

Por el trabajo que desarrollo en mi empresa, llevo varios años embarcado en la “auto-impuesta” tarea de definir y desarrollar el concepto “animación del patrimonio”. En este tiempo he trabajado en numerosas actividades encuadradas en esta disciplina y he tenido la oportunidad de presenciar otras muchas en diferentes ciudades. La reciente proliferación en España de este tipo de actividades y su escasa o nula reglamentación, están provocando la aparición de algunas iniciativas, cuando menos, cuestionables en lo que a difusión del patrimonio se refiere. Se hace cada vez más necesaria una clasificación que ayude a distinguir unas actividades de otras según unos criterios de calidad, objetivos, planificación, etc. Llegado este momento, y aprovechando la oportunidad que se me brinda desde el Boletín de la AIP, me gustaría compartir con todas y todos mis reflexiones y conclusiones al respecto, con el único fin de servir de base para un futuro intercambio de opiniones.

Nuestro caso
Casi diez años atrás, tuvimos en nuestra empresa la (por entonces) absurda idea de combinar animación y teatro para preparar un programa de visitas a diferentes monumentos y espacios patrimoniales de Cádiz. Teníamos dos objetivos claros: por un lado había que conseguir que el público pasara un rato agradable en su tiempo libre (o tiempo de ocio, como decimos en España) y, por otro, que descubriera el valor del patrimonio visitado. A primera vista nuestra idea funcionó. A partir de aquella primera experiencia fuimos advirtiendo la necesidad de profundizar en esta nueva disciplina, y fue ahí cuando apareció la IP en nuestras vidas. Al poco ya teníamos en nuestras manos “el libro de Jorge”•, donde, contentos por el hallazgo, pudimos comprobar que lo que hacíamos se denominaba “animación activa del patrimonio” según la clasificación de medios interpretativos de Stewart de 1981. Y seguimos.
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