Un Homo turisticus patrimonialis en Tenerife

Resumen

Aclaraciones previas
Mientras disfrutaba de unos días de vacaciones en la isla de Tenerife, y conforme pasaban los días e iba acumulando nuevas experiencias como turista patrimonial (cultural y natural), cada vez tenía más claro lo mucho que todavía queda por hacer o por hacer bien un nuestro país en la integración sostenible de los recursos patrimoniales en los circuitos de la industria turística. Utilización sostenible tanto para los propios recursos,

como no puede ser de otra manera, pero también para los usuarios.

Impresiones que seguramente se deban a una visión no del todo virgen como Homo turisticus patrimonialis. Una doble mirada: la de todo hijo de vecino que pretende disfrutar visitando e interactuando con determinados lugares con valor patrimonial y la del profesional al que cada vez le preocupa más si finalmente se ponen todos los medios para que eso sea posible. Ni que decir tiene que en todo momento actuaba como lo primero, sin manifestar mis “inclinaciones” a los profesionales a los cuales pedía información. Seguramente en muchos lugares hubiese podido extraer de las mezquinas “garras” de alguna oficina de información algún folleto más, que hubiese ayudado (o no) a enriquecer mi visita y mi experiencia, pero me limité a pedir información como lo hace cualquier otro turista.

Si bien es cierto que muchas de las observaciones que iré desgranando en este artículo serían más sólidas si hubiese podido contrastar mis impresiones con los gestores encargados de las activaciones patrimoniales, también lo es que son unas críticas y observaciones basadas en la propia experiencia turística, una de las mejores varas para medir la corrección en esas puestas en valor. Es éste, por tanto, un relato personal y cronológico de una experiencia personal un tanto agridulce.
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