Una apuesta arriesgada, una realidad singular: la exposición permanente del MuVIN

Resumen

“No debe confundirse la misión de la divulgación científica con la herencia académica. Cincuenta horas en la universidadno se pueden cambiar por dos en una exposición.La función de ésta es cambiar el estado de ánimo del visitante”.

Jorge Wagensberg, cuando era responsable del Museu de la Ciència de Barcelona.

Algunos antecedentes
En el verano de 1980, participe de uno de aquellos clásicos viajes de alumnos de instituto, visité tres museos de Londres: el Británico, el Victoria & Albert, y el de Historia Natural. Yo acababa de aprobar un COU de “letras puras”, y me disponía a realizar la matrícula en la carrera de Geografía e Historia, pero cuando al final de aquel periplo inglés tuvimos una mañana libre, no opté por regresar a los museos de humanidades que ya habíamos pisado, y me dirigí’ al de Historia Natural. ¿Curiosa decisión?, dadas mis elecciones curriculares. Y curiosa decisión la mía si de lo que estuviésemos hablando fuera solamente -descarnadamente- de patrimonio histórico. Pero con 18 años recién cumplidos yo ya era sensible a la manera en que se me “comunicaba” en los museos, y pensé que no “había color”, que la naturaleza de las emociones que había sentido en el Natural History Museum lo hacían merecedor de una segunda visita.Algunos años más tarde, en ocasión de diversos viajes realizados en compañía de personas mayores a las que impartía la asignatura de Historia y Arte, pude aprender que la riqueza patrimonial atesorada en muchísimos museos (de arqueología, de etnología, de historia, de arte, de numismática...) no solía “hablar” por si misma a la gran mayoría de los visitantes, y que hacer de guía tenía mucho de creativo y, ya puestos, de teatral.
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