Audiencias cautivas y no-cautivas Un relato de cómo llegué a esa idea y a qué me refiero con esto

Resumen

Inventé los términos “audiencia cautiva” y “audiencia no-cautiva” en 1971, cuando tenía 20 años, y era estudiante de pregrado en la Universidad del Estado de Washington, en Estados Unidos. Yo asistía a mi primer curso de interpretación, y una de nuestras primeras evaluaciones fue tener que redactar un artículo acerca de “qué hacía diferente a la interpretación de otras formas de transmisión de información”. Incluso como joven estudiante, yo sabía que ésta era una premisa falsa. No veía nada especial o diferente en la interpretación como una “forma” de comunicación. Mi razonamiento fue que la mente humana es la mente humana. Fisiológicamente, no cambia cuando vamos de nuestra casa a un parque, a la escuela, a un supermercado, al cine, a la playa, o a un museo. Es la misma mente en todos esos lugares.

La interpretación, tal como la vi entonces y la veo ahora, no era de un “tipo” distinto. Los periodistas, publicistas, mercadotécnicos, profesores, vendedores, abogados, políticos, predicadores, cantautores, escritores de juegos, guionistas de cine, poetas, y novelistas –cualquiera que se comunique con un propósito– se enfrentan a la misma mente “humana” de su audiencia. Me di cuenta que la interpretación era sólo otra palabra que añadir a la lista.
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