El patrimonio es huella

Resumen

Lo que resta después de la deriva, lo material y lo intangible, la relación entre lo aparentemente humano y la perspectiva ecológica, la forma y la sustancia, la red de la historia, los avatares que han producido paisaje, la concupiscencia y la muerte (Eros y Thanatos), lo que está escrito y lo imperceptible, la magia y la religión, las costumbres y los fenómenos, la fauna y los bestiarios medievales, la literatura y la agricultura, el tiempo que ha fosilizado...

De todo esto y de otras estructuras más sutiles está compuesto el Patrimonio; de naturaleza y cultura. El Patrimonio es una heredad en un sentido amplio, un continuo testimonio que nos habla como espejo, que nos interpreta y nos asume, nos agiganta o empequeñece, nos adula o nos esclaviza. En tanto que participa de una entidad corpórea, se manifiesta abiertamente a los sentidos y soporta interpretaciones más o menos ajustadas a la objetividad. En cuanto a su componente espiritual, se amplía la susceptibilidad y sus cauces interpretativos se desparraman en cuestiones fronterizas con la afectividad, si no con el sentimentalismo.

El Patrimonio deja secuelas, es modelador de caracteres y determina la personalidad colectiva de las comunidades. Por esto mismo, su función de espejo aparece en su esencia, es consustancial con su fundamento. Carlos Colón (profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla) considera al Patrimonio “no sólo como espejo de cuarto de baño que permite auto-reconocerse en el mañana de todo cambio, ni como espejo de sastre que permite comprobar la adecuación de la indumentaria cotidiana al cuerpo de historia, sino también como espejo erótico: como objeto de arte que causa placer”.
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