Interpretando al intérprete

Resumen

Una preocupación que se ha generado recientemente en mi actividad como intérprete –y que me parece útil compartir con los colegas– es “en qué medida funciono como intérprete y en qué medida como animador socio cultural”. La diferencia no es sutil para los objetivos de la disciplina. Para ser más especifico, mi actividad (sobre todo cuando es personalizada) muchas veces opaca o disminuye el objeto, paisaje o situación que intento revelar a la audiencia. Siempre pienso que mis presentaciones como intérprete deberían ser mucho más sencillas, sin mayor tecnología. Lo mismo que disimular o reducir al mínimo los recursos que busco para “poner en valor” un objeto dentro de una muestra. Recuerdo todavía un colega italiano que no se cansaba de proclamar con la gracia característica la tonada “sensa materiale, sensa materiale”.

Cuando la gente termina una visita guiada que he realizado en la Reserva Natural, ¿se llevan mi simpatía, mis analogías y recursos o los verdes de los árboles, los silencios y aromas del paisaje que traté de revelar? Hace muy poco, en un curso, haciendo el análisis de una actividad de animación que se efectúa en el Museo Catedral de la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires, donde un guía intérprete realiza distintas caracterizaciones –primero de ingeniero Francés del siglo XIX, luego de albañil y finalmente de constructor italiano de la misma época–, un participante del curso me pregunto inquieto: Pero los chicos que asisten a este evento qué se llevan... ¿la “obra de teatro” o la información? Sería deseable que una fuera un medio para conseguir la otra, pero ¡ay! no estoy seguro que siempre sea así.
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