Carta del Presidente

Resumen

En cualquier asociación que defienda intereses sociales se trata de dar cabida a diferentes tendencias y opiniones con tal de que se compartan unos mínimos comunes que le permitan prosperar y velar por las personas asociadas. La Asociación para la Interpretación del Patrimonio trata en este sentido de promover, potenciar, fomentar e impulsar la práctica de la disciplina en los diferentes ámbitos en los que la puesta en valor del legado natural y cultural se erige como protagonista. 

La labor que hemos llevado a cabo durante todos estos años nos ha permitido sobre todo empezar a darnos a conocer y valer, adquiriendo de hecho un reconocimiento entre muchas entidades que tutelan el patrimonio. Situación que en nombre de la nueva Directiva agradezco a quiénes han hecho posible encontrarnos donde nos encontramos.

Como todos sabemos, la AIP ha pasado por una situación crítica, en la que el proyecto se encontró con numerosos apuros para seguir vivo. Me pregunto si en las circunstancias en las que nos encontramos, de dificultades para muchos, no sería mejor mantener las constantes vitales mínimas y guardar las energías para momentos más favorables. Pero vivir al mínimo no nos otorgaría credibilidad y podría suponer, en parte, un fracaso no sólo del proyecto sino también del desarrollo de la propia disciplina.

Disponemos de un valioso legado en el que se mezclan conocimiento, capacidad y experiencia en diferentes proporciones. Una herencia que pide, además de conservarse, evolucionar para afrontar las nuevas necesidades que se nos presentan, tanto internas como externas. Es por ello que debemos rejuvenecer el proyecto, aprovechar la incorporación constante de nuevas personas e ideas. Tenemos que abrirnos a los diferentes campos en los que la gestión del patrimonio tenga algo que aportarnos o demandarnos. No debemos rechazar la influencia de otras disciplinas, al contrario, es preciso tomar prestado todo lo que nos pueda servir para desarrollarnos a la vez que implantarnos.

Esta declaración de intenciones hay que convertirla ahora en realidad. Pero eso no será posible si no conseguimos incrementar la participación de todas las personas asociadas para que os animéis en el proyecto de AIP. El desarrollo participativo y compromisario no debe ser una acción exclusiva de la Directiva, aunque sí debe ser la de impulsarlo y liderarlo.

En las circunstancias actuales, tan llenas de dificultades, parece oportuno incorporar a nuestro proyecto la idea que subyace en el título del conocido libro del prestigioso socio de la AIP, Sam Ham: “...para gente con grandes ideas y pequeños presupuestos”. Hago por tanto un llamamiento aquí a que aportéis esas ideas y a que colaboréis junto con la Directiva para que salgan adelante.
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