Thinking

Resumen

Desde que Freeman Tilden dejase plasmada la necesidad de transmitir y comprender el sentido del lugar que habitamos o visitamos en 1957; desde que en 1967 un barrio de Washington decidiera que la mejor forma para solucionar sus problemas y hacer frente a sus necesidades futuras era mediante el trabajo con la Memoria, la Comunidad y el Patrimonio; desde que en la Mesa Redonda de Santiago de Chile de 1972 se tomase la decisión firme por la que el Patrimonio era un herramienta imprescindible para el cambio y el desarrollo integral de las sociedades. Desde aquellos años los museos cambiaron –o deberían haberlo hecho–: de ser instituciones centradas en unas colecciones de bienes, se han convertido en espacios para el diálogo social cuyo objetivo es el sujeto y no el objeto.

Ha costado dos siglos de historia la institución museal y casi los mismos años de estudio e investigación de la disciplina para darnos cuenta que los bienes, artefactos, objetos, obras, reliquias, cachivaches o esas cosas que coleccionamos son esencias que contienen historias, sentimientos, emociones, pensamientos, ideologías, creencias o espiritualidades. Dos siglos para darnos cuenta de que esos “objetos” son medios para transmitir mensajes de un espacio y un tiempo. Dos siglos para entender que el sujeto, individual y colectivo, creador del bien y de la intangibilidad intrínseca del mismo, de su valor patrimonial, es el verdadero foco de trabajo para los profesionales de la museología y de la interpretación del patrimonio.
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