La oferta interpretativa a personas con discapacidades sensoriales debe de ser también conceptualmente accesible

Resumen

Este artículo nace de una larga conversación con D. Miguel Moreno Torbellino, responsable del Museo Tiflológico de la ONCE, y otras posteriores con personal del servicio de producción de materiales educativos. Parte de esos conocimientos se plasmaron en una serie de paneles con placas en Braille instalados en su momento en el CEIDA de Santa Cruz, Galicia.
La accesibilidad no es una “magnanimidad” de las instituciones, sino un derecho de la ciudadanía. A menudo se olvida que las personas con discapacidades pagan tantos impuestos como las demás. No obstante, numerosos gestores opinan que disponer de complementos que hagan que la oferta de interpretación sea accesible a ciegos, no es estrictamente necesaria, ya que estos suelen acceder a los espacios naturales acompañados por personas videntes. Por otro lado, es necesario reseñar que dentro del colectivo de personas con discapacidad no existe una única postura sobre la accesibilidad, ni todos están dispuestos a invertir en la creación de productos y servicios de ocio cultural o natural adaptados, incluso aunque su inversión sea solo una parte del coste real de la acción.

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