El reto de mantener a nuestro público atento

Resumen

En incontables ocasiones he escuchado que uno de los propósitos de la interpretación es inspirar a la gente a apreciar su entorno, a conocerlo, a reflexionarlo. Para ello, los intérpretes nos esforzamos en identificar cuál es la mejor información, cómo la podemos presentar y qué elementos podemos aprovechar para hacer de nuestros programas algo más eficiente.

Nunca escaparemos, por lo mismo, de lo que puede ser considerado el mayor de los mandatos de nuestra profesión: observar y atender a nuestro público (que es un público real, más que uno ideal). Por eso ha sido tan importante el aporte de intérpretes que se preguntan cómo funciona la mente de las personas al momento de recibir información.

Reconocemos y agradecemos, por ejemplo, los aportes de Sam Ham desde las ciencias cognitivas, al igual que apreciamos a quienes nos han hecho énfasis en las ventajas de presentar información relevante a través de la estructuración y la narración de historias. Lo reconocemos porque sabemos que todo en interpretación tiene que ver con la reacción intelectual que buscamos. Es decir, lo que hacemos está tratando de interactuar, de una manera mejor planificada, con ese juego de pensamientos que ocurren en las personas mientras pasan sus ojos, sus oídos, o mientras usan su sentido del olfato, del gusto y del tacto, por los lugares donde disponemos materiales de interpretación.

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