Crónica de un vandalismo anunciado

Resumen

 

Emulando la novela de Gabriel García Márquez, todo el mundo sabía que la señalización iba a morir pronto, y nadie hizo nada por evitarlo.

Les cuento la historia:

Durante el pasado año 2020, participé en la realización de la señalización informativa e interpretativa de un paisaje protegido en la costa norte de la isla de Tenerife, en las Islas Canarias: la Rambla de Castro. Se trata de un lugar relativamente pequeño, pero, aunque suene a tópico, reúne abundantes valores geomorfológicos, biológicos y culturales. Varios núcleos turísticos y residenciales de los municipios del Puerto de la Cruz y de Los Realejos han crecido a su alrededor. En consecuencia, se ha convertido casi en un parque periurbano, utilizado asiduamente por la población local y visitante para pasear, acceder a algunas pequeñas calas, correr e incluso como punto de encuentro de jóvenes en sus miradores.

Esta realidad no tiene por qué entrar en oposición con su conservación, sino todo lo contrario, ya que, si un espacio se usa y termina convirtiéndose en parte de nuestra identidad, se valorará y, por tanto, se querrá conservar. El conflicto surge cuando se pierde la perspectiva de que se trata de un espacio natural protegido y que, por tanto, se justifica determinado estilo de gestión y la necesaria existencia de una normativa que regule su uso público.

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