La presentación ante los grupos: (O cómo ponemos el cascabel al gato)

Resumen

Supongo que todos los guías con ciertas horas de vuelo en este oficio, que se hace a base de contar cosas a la gente más variopinta en los lugares más diversos, estarán de acuerdo en que en la presentación ante los grupos nos jugamos el correcto desarrollo de la visita. De hecho, todos los manuales que versan sobre interpretación dedican algunas hojas al asunto que casi siempre pasamos por alto. Y eso es una pena, porque la experiencia indica que como no conectemos en los primeros diez minutos (incluso antes, me atrevería a decir) con el público, la visita terminará siendo una más de tantas en la vida de las personas que tuvieron la santa paciencia de soportarnos una hora y media.

Se trata de generar un vínculo entre el guía y el grupo, que permanezca con los menores altibajos posibles durante el transcurso del recorrido.

Este vínculo se podría traducir en una especie de complicidad a la hora de ir desvelando los misterios que vamos a encontrar en el paseo. Es, en cierto modo, una forma de conseguir una atmósfera adecuada que contribuya a que la visita sea única en la experiencia de las personas que nos acompañan. Esto no sólo ayudará a mantener un aceptable nivel de atención en el público, también se obtendrá un recuerdo de cierta intensidad en el tiempo después de la visita.
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