La accesibilidad física e intelectual de todos tipos de público al patrimonio cultural (II)

Resumen

En el número anterior expuse algunas reflexiones sobre la accesibilidad física al patrimonio cultural. En esta ocasión quisiera centrarme en la otra cara de la misma moneda: la accesibilidad intelectual.

Veamos algunos ejemplos de dificultad: podríamos comenzar por los simples textos de los museos, que suelen utilizar un lenguaje ciertamente inaccesible, porque requiere una importante dosis de formación académica previa.

Podemos colocar en una vitrina una fíbula anular hispánica (ahí es nada) con un cartel que diga precisamente eso, y quedarnos tranquilos de que hemos dado una información correcta,

pero ¿qué porcentaje de visitantes va a comprenderlo? ¿No será mejor escribir imperdible ibérico, y debajo o entre paréntesis si se quiere la palabra técnica? O mejor aún, vestir a un maniquí a la manera ibérica con su fíbula abrochando las vestiduras. El patrimonio arqueológico y, en menor medida pero también, el etnológico, se encuentran fuera de época y de lugar, es decir, descontextualizados, y requieren un fuerte tratamiento museográfico para que el gran público los entienda, pero no sólo en lo que respecta a grandes planteamientos o a criterios generales, sino también en los pequeños pero múltiples detalles que pueden formar una barrera insalvable entre el visitante y el contenido del museo o lugar que se visita.
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